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Alma y Piel

Floripondia

<center>Floripondia</center>

 

Las sombras se sostienen
de pie
y yo cayendo
bañando el mar con sal
de sangre entre mis huesos
de rostros heridos
que engullen recuerdos
bramando caricias
enredaderas tus besos.

Los vacíos gimen
y yo ardiendo
con el vientre lloroso
de corales risueños
de arenas regadas
en tus fálicos sueños.

¿Escuchas?
El aire huele a cuerpos
de ceras maleables
arcilla en tus dedos
A flores naciendo
en tallos erectos
rociando polen
espuma
blanca brisa
entre mis senos.

Los murmullos no callan
escudriñan misterios
penetran el vaho
de tu sed en mis labios
de mi esencia
en tus poros inquietos.

La noche termina…
y tú no has vuelto,
y mis bóvedas frías
anhelan tu cuerpo
que adherido a mi carne
me bebe el aliento

Y mis manos se pierden
estallando intentos
como insectos fugaces
engendrando suelos
de las selvas espesas
que dibujan tus lienzos
en mi piel dormida
renacida en tu sexo.

 

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La niña del palacio azul

<center>La niña del palacio azul </center>

La niña…
sentada, callada,
y absorta
lo ve desde lejos
a veces lo toca
le cuenta las líneas
y las paredes rotas.

Le besa el silencio
mordiendo las rocas
se abraza a su bosque
y se hunde en las hojas.

La niña lo piensa
y le sangran las horas
de los labios le arranca
madrugadas y auroras.

La niña lo quiere
La niña lo adora
La niña se muere
La niña lo llora


Sus puertas se abren
entre flores y aromas
con azules manzanas
que desgranan
Pandoras.

Las cortinas de humo
con orquídeas se adornan
y los mármoles fríos
con el sol se tornan
callados sonidos
en alas de amor.

Sus ventanas, zafiros
entre alegres rondas
de silvestres enanos
con hermosas Giocondas

De los techos cobijo
un cristal escarlata
Y del suelo le brotan
mil espinas de plata,
un geranio de oro
una nube de mar.

Y la niña lo quiere
Y la niña lo adora
Y la niña se hiere
Y la niña lo añora


¡Oh lejano palacio!
¡Oh cercano martirio!

Te rodearon de dioses
te sembraron de lirios
te colgaron gladiolas
te forjaron idilios.

Te pusieron tan lejos
que sus pasos no alcanzan
y la niña te grita
y sus palabras se abrasan
entre calles perdidas
en burbujas de laca,
que le cierran el paso
que le enredan el alma.

Que la adhieren tan hondo
cómo luz a la nada
al oscuro fondo
de su cárcel cerrada…

A la huella vacía
de su historia sin ti.

Un día contigo

<center>Un día contigo</center>

Viernes, un día como cualquier otro, uno de tantos que pasan y pasan, sin avisar que se roban un poco de nuestra vida. Y yo aquí, de nuevo, partiendo temprano para los días de antes, y tarde para los de ahora… como el de hoy, en que las ganas de verte, son mas que las de observar cómo el mundo se mueve allá por afuera.

Llueve, camino bajo la lluvia y creo también, regresaré de la mano de ella… no te lo dije antes de partir… ¿no?.... creo que no lo hice…

En las calles todo se ve como siempre que el sol se baña bajo las nubes, igual… los mismos rostros, las mismas cosas…

Los corredores de la facultad vacíos, fríos, callados, mojados, nada acogedores para los momentos en los que el corazón se siente igual de frío y necesita sentir calor, pero muy amistosos para la melancolía que está sentada al lado esperando la oportunidad para acompañarnos.

Camino un rato por ellos, respirando profundo, tocando alguna gota que se deja caer desde las ramas de los árboles que adornan los caminos de tierra entre edificios. Pienso en ti, como siempre… y sigo mi camino… con los pies bañados marcando el paso en las graderías, con pocas ganas de escuchar las bromas plásticas y vacías de los compañeros. Me detengo un rato a observarlos, me parecen tan superficiales… que me hacen sentir extraña, sentada a lo lejos,… Y me digo, será la edad, ¡seguro!… aunque en el fondo no termino de convencerme, me veo a su lado con escasos años de diferencia. Aparece el catedrático interrumpiendo mis ideas… se le percibe con pocos ánimos de impartir la clase, tanto como tenemos nosotros de recibirla….

Termina la charla entre los bostezos de unos que parecen dormir más que vivir, las risas de otros felices porque terminó su incordio semanal, y las caras arrugadas de los que se quejan de la lluvia por arruinar los planes de fiesta y bebidas de los viernes por la tarde.

Sigo mi camino, sola, sin deseos de encontrar a nadie… aguardo el bus en la estación mal ubicada que han dejado en un lugar sin techo, espero… y sigo esperando que pasen todos los números, ¡menos el que me lleva!. –Se volvió algo de todos los días-. Pasa un rato, a lo lejos diviso el mío, vacío… un solo pasajero sentado en la parte de atrás acompaña al chofer y al ayudante… dudo en subir, pero me quiebro con el frío, el pelo gotea tanto que deja caer el mar entero entre mis ropas, tan pesadas que parecen tener alguna fuerza magnética que las atrae hacia la tierra.

Me siento del lado derecho, pegada a la ventana que no deja ver nada, empañada por el calor de los cuerpos y el motor, que se encuentran con el clima que afuera aguarda poco cariñoso. Y sigo pensando en ti… en dónde estarás en ese momento, qué harás, qué palabras dirás y quién te escuchará… quién te ve, quién te toca… quién acaricia tus pasos con sus ojos cuando te alejas… incluso, pienso que no faltara quien te roce las manos a escondidas sin quererlo, sin saber que yo con las mías vacías, me muero por tener el calor de tu piel entre mis huellas y de tus labios sobre mi pecho ardiente que se quema sin tener tu sed para apagarlo.

Los minutos pasan lentos, en el camino aborda mas gente, y mas, y mas gente, hasta que el lugar tranquilo y espacioso, se transforma en un sauna formado por paredes y vapores de cuerpos vivos y pensantes. Llega mi hora de bajar, sigue lloviendo –pero qué importa si traigo la lluvia encima desde siempre- me dirijo a la salida, entre sonrisas cortadas por las caras rígidas, y tropezones con pies torpes que se cruzan por el camino… salgo, logro pasar ilesa por el pequeño tramo, que puede - si no soy audaz- hacerme viajar muchos kilómetros más, aun sin yo quererlo.

Pongo un pie, luego el otro sobre el asfalto humeante, y mis ojos sobre el auto que transita en la calle que debo seguir, mientras mi mente sigue en el lugar que tú ya sabes –pensando en ti, siempre en ti-. Así, sin darme cuenta, me veo sumergida en la colonia vecina que me sirve de pasadizo para alcanzar mi destino. “Ciudad de plata” así se llama esa colonia de paredes pequeñas… y vaya que no está lejos de serlo, no esta lejos tampoco de ser un cuento... de ser un paraíso que une diminutos jardines mágicos, con la cálida sonrisa de sus residentes que parecen haberme tomado cariño de tanto verme, y que me acogen con candidez aun antes de llegar hasta el lugar al que arribo con tantas ansias.

Sonrío, saludo, cruzo algunas palabras con la gente del camino y sigo directo al puente alto que comunica mi “villa linda” con esa ciudad vegetal y pintoresca, despidiendome a lo lejos, con los rostros de estos personajes que me han acompañado en el mismo recorrido desde mi niñez, y de paso saludo al sol que se me acerca sonriente con los primeros rayos coloridos que cruzan el cielo con el arcoiris.

Los autos parecen tensos, seguro que lo están, no debe ser fácil llevar encima a estas personas con mala cara, enfadadas y gritando sin razón aparente. Pero los autos al final de cuentas no me importan, porque cada vez que me acerco mas, siento menos lo de afuera, el mundo exterior se pierde en un palpitar interno que se intensifica a cada paso, a cada segundo que siento esta necesidad de estar en ti, necesidad que me come y me digiere, que me abraza y me acaricia, que me muerde y me enloquece, al punto de hacerme caminar los últimos minutos sin sentirlos, sin ver a nadie, sin siquiera responder las buenas intenciones que me lanzan como flores los vecinos que me salen al camino.

Llego a casa, por fin, así, entre nubes con soles danzantes, con el cuerpo todavía goteante, y me apresuro a sacar de mi mochila el llavero que guarda esa sonrisa que me abrirá las puertas a tus brazos, a tus caricias que me esperan sentadas en la alcoba para recoger mis sabores del día. Abro la puerta, entro en silencio, ansiosa por verte, por saberte tan mío como nunca nadie… como nunca de nadie… y…

Es tarde, me he retrasado algunos minutos… te busco en el lugar de siempre y no estas, ¡vaya! cuántas ganas tenía de verte, -me digo entre reproches- . Recojo mis pasos y los uno a mi sonrisa triste, esa que tan bien sabes distinguir, y camino hasta mi habitación, en la que me detengo a escribirte esta nota, mientras me seco el cabello que aún huele al mango y pera de la crema para peinar, y cambio las prendas blancas húmedas, por otras negras y secas, esas mismas que sostendrás en tus manos al leerme, con las que te esperaré cada tarde, cada madrugada, cada aliento del nuevo sol, cada suspiro de las viejas lunas… extensa, desnuda de piel y sentidos. En ese espacio que, si la vida nos deja, será nuestra cuna y sepultura, porque nos verá nacer y morir, engendrando el amor en el mismo seno, bebiendo la vida desde la misma copa de humedad inquieta, y tejiendo ese mundo secreto que será arraigado, ya sea ....sobre la tierra que pisan mis pies, o sobre las calles de piedra por donde, en estos momentos, a pesar de mis ganas de tenerte aquí, caminas ahora lejos de mis manos y mis ojos, pero guardado eternamente como un tatuaje de sangre y aceite sobre mi alma.

NIña Tikal

<center>NIña Tikal</center>

La niña duerme
Hoy...
Los perros que la muerden,
se han mordido solos y callan.
Su ángel,
le besa los años de ausencias llenos.
La cuna que la mece
Canta
Melodias de mares entrelazados
Amándose,
Profanos sonidos de lúdicas miradas.

La niña calla…
Deja que las sonrisas despierten sus madrugadas
para que nazcan azules
los días que la esperan entre parvadas.
Observa con las manos las huellas de sus pasos..
Las sigue,
Escuchando los cantos de sus canciones pequeñas
De sus palacios dormidos en la esfera cristalina de sus recuerdos.

La niña llora...
Dibuja su tristeza en el cemento seco,
Riega las madrigueras con la brisa de su rostro evaporado en llanto.
Diluye con su esencia el arcoiris
mientras mariposas galopan de sus labios,
el tallado encanto.

La niña cree…
Cree en los duendes que habitan el cielo de sus ojos
En los fantasmas nobles que resucitan pasados
En estrellas que juegan de día
y caen con el sueño tras el sol de noche.

Cree..
Que en el mundo aun se llora sin gritos de guerra
Que aun se sangra sin veneno en las venas
Que aun se expande el amor fresco entre fronteras.

Y la niña escucha..
escucha
y se le rompe el aliento
Y se le apaga el grito
Y se le termina el cuento..

Escucha,
También sonríe
Y abre sus cabellos para que la arrope el viento..
Para que la endulce la magia
para que le enseñe tiempo.

Ahora piensa…
Que de juegos serán siempre sus enemigos..
Y los acaricia mientras los cree entre dudas,
A veces amigos..
A veces inventos, a veces hechizos..

Y crece…
Abrazada a los árboles
Regalando nubes desde sus pupilas sonrientes..
Aprendiendo a andar descalza sobre la espuma blanca de sus simientes.

Y mientras tanto...

Espera..
Y se cansa de pintar abrazos en la nada
De cobijar heridas huérfanas de brazos sin padre
De tirar monedas en los lagos que duelen..

Y huye..
Hasta el lugar
Donde los sueños terminan en dedos que saben dibujar caricias..
Donde los vacíos respiran
Y las hojas caen sin morir de noche
entre cuadros y risas.

Te lo digo desnudos…

<center>Te lo digo desnudos…</center>

Te lo digo desnudos…
Así como nacimos, así como la magia nos sembró en la tierra que humeó nuestros caminos, y manejó nuestros aires besando sus distintos tiempos y destinos.

Así, desnudos, como la noche que se desviste de recuerdos dejando su pupila azul excelsa, para que la mire la brisa, mientras me trae el eco de tus pasos sobre mis lunas sin prisa.

Te lo digo desnudos..
Dejando al aire este cuerpo que se esculpió un día, el mismo día en que el sol se acostó sobre mis sienes y se volvió cabellera galopando hasta tus llanuras verdes, coloridas…
El mismo día en que los rebaños domados, me pintaron la piel de leche y la aderezaron con la sal del sudor que nace de su rebelde frente.

Así te lo digo, desnudos, como el vuelo de esa golondrina, que en el libro viejo de las memorias recién nacidas, fecundo lentamente con su hambre una polilla.
Así como el mapa de mi cuerpo del que conoces ya toda geografía, el que recorres con el agua sin encontrar salida, el que peinas con tus letras hasta escudriñar heridas.

Te lo digo desnudos..
Con el olor de mis prados y mis laderas crecidas, con esta voz que brota gritando de los secretos más rígidos, sonantes profecías… con el fuego ancho que se desliza por las orillas curvadas de mis volcanes de fruta, con el canto salvaje del arroyo que se duerme en la cintura campesina del azúcar.

Así te lo digo, desnudos…
Dejando que las notas se amen en la floresta de nuestros ojos, que se bañen en el roció de nuestras palabras, que se fundan en las cuerdas de mi garganta al atrapar el aire que me regala la musica de tu patria palpitante, caminante bravía.

Te lo digo desnudos…
De pasados y futuros vencidos, de juramentos y promesas torcidas, de fantasmas y ángeles perdidos, de mentiras y verdades podridas, de ropas y disfraces tejidos…
Desnudos de cuerpos sin calor ni frío..

Si, te lo digo desnudos…
Porque sé que un día me ha de reclamar la sangre, el no poder hablar de las líneas que recorren tu carne, el no poder dibujar los andes que se erigen en tu cuerpo sin alardes, el no poder entonar los cantos que tus cicatrices me guardan, el no poder contar las historias que tu piel me marca.

Por eso, te lo digo así, desnudos… para que la muerte ufana no me burle un día, y habiéndole quitado el tacto a mi vista… pueda decir que no te conozco, porque ese día se liberaran mis manos de su cárcel raída, para decirle que no necesito ojos para saber que eres tu el que me acompaña y me fecunda la vida.

No estoy triste

<center>No estoy triste</center>

No, no estoy triste….
Es solo que la vida se me derrite y se empeña en salir sonriendo por mis ojos...
Es solo que la noche llora,
mientras sobre mis pasos el cielo se derrumba con las estrellas rotas...
Es solo que extraño besar mis letras, acariciar mi pluma,
beber mi vida en cada espacio, en cada sonido que dibuja mi tinta sobre las hojas..

No, no estoy triste..
Es solo que las distancias llueven y los vacíos mojan...
Es solo que el tiempo corre sin que mis pies caminen...
Es solo que los recuerdos acechan la sonrisa de mis futuros y los eximen...
Es solo que mis raíces se sienten secas y sin un paisaje para regar la esencia que las viste…

No, sé que no estoy triste…
Es tan solo la decepción de saber que el rencor de algunos puede corroer el corazón de otros...
Es tan solo el frío del ambiente que no me permite descongelar mis huesos...
Es tan solo el viento muerto que no me permite edificar mis templos...
Es solo un beso oscuro sobre mis pupilas sin sueño..

No, no estoy triste…
Es solo que algunas veces necesito llorar
para lavarme el vestido de piedra que me tejió la vida...
Es solo que algunas veces,
acudo al pintor que borra estancias, para que me corte un poco el paso de estas alas...
Es solo que algunas veces, me siento, lo siento, y nos siento,
tan lejanos aun estando tan cerca, que mis puños errantes quisieran ser puentes colgantes
en lugar de ser caminos raídos a la nada...
Es solo que necesito sentir el calor húmedo de un cuerpo sobre mi piel,
de una lagrima sobre mis pestañas..

Pero no, no estoy triste…
Puedo decir que aun dentro del llanto estoy sonriendo...
Puedo decir que aun con los parpados de acero
sigo viendo el horizonte sin que pese...
Puedo decir que aun con el hambre en las entrañas,
me regocija el saber que tengo adentro algo que alimentar…
Puedo decir que aun sin voz, tengo la piel para luchar y fecundar..

No, claro que no estoy triste…
¿Y como estarlo?
Si aun en la tristeza, la vida me enseño a levantar la vista sin olvidarme de que la risa,
aunque no se vea… siempre existe.

Una carta mas….

<center>Una carta mas…. </center>

Es curioso como las palabras fluyen, como se deslizan como manta de viento entre mis sienes, como se dibujan en mi mente como estatuas erectas, que transitan descalzas por las avenidas ingenuas de mis pensamientos, esos que duermen acunados por tu sueño y escritos por tu letra.

Regrese como siempre, o como nunca quizás lo haya hecho, porque sé….que tu me conoces, que conoces de mi afán por dibujar la vida aunque a veces me canse de colorearla, de mi afán por encontrarte aunque por momentos pueda decir que nunca te he buscado. Porque sabes de mis caricias que solo logran tocarte en la distancia de lo inexistente, de lo etéreo del mundo real de mis recuerdos futuros.

Porque me ves desde lejos, porque sabes verme mientras este calor no es garantía de que no me este helando los huesos, mientras las sonrisas no son augurio del circo que debería estar danzando en mis entrañas…. mientras el reloj me hace presa de sus pasos, de su ritmo seco y pernicioso, y mientras mis ideas se adormecen en la cuna de su canto, en las curvas de sus letras… en el ritmo de sus cuerdas de cobre campanario.

¡Oh! ¡Extraño compañero inseparable! ¿Como me explicas que ni siguiendo sus pasos que siempre ven hacia delante… logre acercarme a ti para besar tu camino y cortar tu tiempo?

¿Es que acaso debo caminar en dirección contraria para poder mirarte? Quizás si dirijo mis pies sobre los caminos deformes de lo que nunca fue, logre encontrar esa porción del tiempo en la que la vida se confundió y nos engendro en la tierra de distinta madre, en la que la naturaleza alfarera nos forjo en distintos mundos, en la que la pluma austera te pinto día, y a mi me pinto noche.

Quizás me perdí en la abundancia de mis deseos, en la impredecible fuerza que sostiene mi frente, mientras mi razón se agobia buscándote de espaldas a mis raíces, o mientras mi letargo se vuelve el mediocre mejor amigo de la conformidad.

Sé que te espere abrazando la nostalgia de mi cuerpo y no te vi…
No te encontré en ninguno de los rincones de mi sangre..
Ni tampoco lo hice en las cicatrices de mi vientre…
Ni en las lagrimas de mi feminidad…
Ni en el sudor de mi sexo..
Ni en el calor de mi piel silvestre y obrera…

Ni siquiera en el boceto de mi vida…
Ni en los murmullos de mis gritos..
Ni en la coexistencia de mi mujer y niña..
Ni en las agonías de mi esencia esparcida..

Y no lo hice tampoco en la retina de mi luna
Ni en los ojos de los troncos..
Ni en la profecía de las hojas caídas..
Ni en el enigma de las gotas de lluvia..

Más, ahora sé que debí buscarte en la fuente espesa de la vida, allí donde el amor brota azul de la flor del corazón… allí donde no puede nacer nunca rojo entre las piernas y los ojos.

Hacia allí correré algún día con la tarde, sujetada a la luz que se hace tenue en las fronteras de los sueños y la vida… allí donde los colores opuestos se funden para formar la armonía de lo inimaginable.

Aunque por el momento, sabes que sigo esperando…mas esta vez, ya no sé si te espero a ti, mi buen amor… o si me espero a mí, que he de llegar un día alzando la vista con los ojos reencarnados, y con el alma que renacerá triunfante, y desnuda de recuerdos desmesurados.

Mi compañero de cama

<center>Mi compañero de cama</center>

Esa noche regrese cansada, es cierto! Pero eso no era algo extraño en mi, que siempre al final del día, sentía que la oscuridad de la noche se volvía una masa espesa que me hacia pesada el alma y sombría la vida.

Llegue a casa entonces, pero antes había decidido decirme a mi misma que no todo era tan malo como yo creía, y es que en el fondo… yo también quería ser feliz… como todas esas personas que se pasean por las baldosas de mi ojos envidiosos, rebosantes de sonrisas…

Entonces, me dije a mi misma…y eso, tan solo para tratar de amortiguar la herida:
Que el jefe no era un degenerado explotador… que en realidad, tan solo era un hombre solo y con una vida dura encima…
Me dije también que la vecina no era un arpía mala y egoísta… que tan solo era una mujer frustrada y engañada por su marido..
Me dije que el portero del edificio no era un hombre solitario y melancólico… que tan solo era una persona que sabía escucharse a si misma..

Pero sobre todo, antes de cruzar la puerta de mí hogar, me grite a mi misma… ¡que era feliz! que solo necesitaba posar mis ojos en las cosas bellas que tenía a mi alrededor, para saber…. que yo tampoco era una mujer fría, solitaria, colérica a veces y otras sin brío, ni éxito… que tan solo era un alma que intentaba entre el frìo de los cuerpos, encontrar su lugar en este mundo ajeno.

Pero… lo que mas me asombra ahora, es que me lo creí!!

A pesar de todo esto, cuando di el primer paso dentro de aquel inmueble… sentí una opresión en el pecho, y es que sabìa que el trataría de convencerme de todo lo contrario.. .que me haría recordar una y otra vez todo lo vivió en el día, todas mis dudas, todos mis temores y fracasos recopilados durante el largo de mi corta vida..

Si!! El era especialista en eso… siempre lo hacia!!... noche a noche, sin importarle con eso, estar tirando mi alma cortada por los desagües sangrantes de la frustración….

El, el que decía que me amaba… que vil mentira!!

No me quedò mas remedio, así que resignada ya, ante tal desdicha, me dirigí hacia el lugar donde todas las noches me esperaba… y claro, estaba allí… calentado mi cama, como quien quiere con su frìo arrancarle la frescura a las sabanas dormidas, metido entre el polvo muerto de mi piel que rozaba aquella almohada, entre el olor que mi cabello había dejado en la tersura de los algodones de mis sueños, entre cada hebra que tejía el hilo que mas tarde acariciaría mis deseos muertos…

¿Qué creía? ¿Qué yo llegaba todos los días a descansar mi cuerpo y a reposar mi alma, solo para estar con el? ¿Qué mi única ilusión al llegar la noche, era estar enredada en sus brazos… y por eso insistía en no dejarme marchar?

Pues no!! Que equivocado estaba… el estar con el, era lo que yo menos deseaba en esta vida… pero no tenia salida…no!! No la tenía…
Así que lentamente ante sus ojos fijos, empecé a despojar mi cuerpo de su pesada ropa, dejando caer con sutileza lo único que quedaba para dejar al descubierto mi alma escondida.

Delicadamente me postrè a su lado, tratando de no rozarlo mucho para no despertarlo mas, y le sonreí con el poco cariño que aun hacia aflorar en mi, a la vez que le vi con los ojos suplicantes, tratando de conmoverlo para que aquella noche me dejara por fin dormir.

Pero no!! Como siempre su brutalidad de bestia no sabía mas sentirse que a el mismo, y no deseaba más que saciar su egoísmo en las noches de sueño perdidas en mi piel.

Lentamente, ante la indefensa fuerza de mi cuerpo cansado, que ya no podía mas luchar contra el… empezó a meterse en mi, deslizándose como serpiente por los huecos de mi piel, metiéndose por cada poro de mi mente y por cada vacío de mi alma, hasta que se llego a fundir con calor de mi cuerpo… el cual yacía absorto entre sus brazos, los que en lugar de calentar, solo conseguían quemar mis entrañas desgastadas y sin ganas ya de sentir.

La cama se hacia cada vez mas pequeña y mas hiriere, las sabanas cada vez mas pesadas y asfixiantes, la almohada cada vez mas dura y lacerante; y yo…cada vez mas de el, que de mí misma.

Y sucedió lo temido, ante mi espíritu consumido por su fuerza maléfica, se empezó a desintegrar mi fantasía, mientras caía filtrada por el cristal húmedo y sangrante de mis ojos. Lo que caían entonces… eran lagrimas de fantasía, pero de fantasía rota y fugaz voladora…. esa que me decía en sueños, cuando estaba despierta… que era feliz!!!

Poco a poco empezó a cansarme, y yo… no podía más conmigo misma. Me hacia recordar con sus preguntas y con sus abiertos ojos, que no saben lo que es el sueño… el por que de mis fracasos diarios, el por que del desamor del amor hacia mi, el por que de las risas de la gente cuando me veían caer, el por que de los cantos de la vida….cuando la mía no hacia mas que quererse partir, el por que de estar con el, sabiendo que sin el… todo seria mejor.

Me sentía rota, y como queriendo llenar mis pulmones con algo mas que de su turbio aliento… me senté a un lado de la cama, mientras tomaba un cigarrillo, y aspire con fuerzas el humo gris que brotaba de sus hojas quemadas y enfermas… todo esto mientras en mi mente una voz me decía que de una vez por todas, debía ser valiente y decirle la verdad… decirle que no le amaba mas, que su presencia no era mas que una opresión para mi esencia, y que su piel sobre mi piel… no era mas que liquido derramado sobre la tierra húmeda y fértil, y que solo conseguía ahogarme y revolcarme en la turbulencia de sus intenciones perdidas..

Lo tenía que hacer!! Tenia que decírselo, y es que no era justo abandonarla a ella, a la que me arropaba y me llenaba de verdad… a ella, la que siempre me esperaba en mis noches de soledad, sentada con los brazos abiertos para recibir con su boca, el liquido de mi alma sangrante.

No, no era justo dejar a la que yo amaba en realidad, a causa de el, y no lo haría… estaba decidido!! Y mientras los últimos sorbos de humo iban nublando mis pulmones, una luz iba naciendo en mi… y me daba ánimos para hacer lo que debía.

Así que asqueada ya por su sabor hiriente en la boca de mis sueños… me levante de ese lecho agrio y dolido. Y lo deje…. lo abandone con la misma fuerza con la que el me hacia abandonar mis sueños.

Y si! lo hice… lo deje allí!! Lo deje solo acariciando la nada de mi cama vacía y besando el aire de mis suspiros que nunca serian mas de el… y me dirigí delicadamente con el alma en la piel, y con los sentimientos en los dedos, a acariciarla a ella, para dejarme así, poseer por su esencia y vivir por siempre en el sabor de sus amadas letras.

Pero, saben? pensandolo bien, no se…. creo que he dicho algo que no es cierto!! He dicho que mis suspiros nunca mas serán de el… lo cual es una mentira…. una gran mentira!! Ya que cada día cuando llegue la noche…. El!! Mi compañero de cama…mi querido antes y mi ahora odiado amante .-el insomnio-. me estará esperando… mientras mi amada y adorada doncella .- la inspiración-. aguardara celosa en los lechos de mis letras, hasta ver llegar el beso de mis dedos sobre sus labios de pluma.

Una carta escrita en sueños

<center>Una carta escrita en sueños</center>

Sé que no es tiempo aun de estar sentada frente a esta hoja haciéndole filo a mis dedos, ni mucho menos de desnudar mi alma, cuando aquí el frío me sigue viendo de reojo.
Sé que debí dejar pasar mucho tiempo antes de volver a ti para cantarte… se que mis cenizas blancas aun tienen muchos libros que empolvar y muchas historias que cubrir…

Pero mientras dormía, no se que cosa extraña me rozaba los silencios y me robaba el abrazo cómplice de mi almohada.

Al principio pensé que era el ave azul de mis días de sol, esa que se posa en mi ventana por las mañanas a endulzarme las tristezas, y pensé también en las sirenas que viven en las gotas que caen del cielo de mi árbol verde y amigo…

Pero no, no eran ellas….era algo que iba más allá o que me venias mas de acá… si! Porque en realidad no era algo tan ajeno a mi sueño… en realidad eran los fantasmas que se disfrazan de tu rostro para no dejarme olvidarte, cuando mi alma se disfraza entre mis sabanas de olvido..

Si, lo se! Ambos sabemos que eran ellos, porque son los únicos que logran con su beso, robarle el sabor a las caricias que se hacen mis parpados desnudos y fundidos, hasta despertar mi ser acunado en sus recuerdos..

Es cierto, mi cuerpo estaba cansado, pero las palabras que me brotan como hierbas en la tierra fértil de mi mente… se empeñaron en morderme las piernas, para hacerme correr hasta el lugar donde nuestros horizontes desconocidos se tocan sin saberlo…

Ahora, no se…pero no creo que ese lugar donde podamos vernos sea esta hoja de papel gastado y arrugado ya por tantas vidas que han tratado de florecer en el, y lavado por todas las lagrimas que han buscado en su sequedad, el consuelo para llenar su sed..

Mas..lo que si sè, es sentir el frío que se arropa entre mis cabellos y mis pechos.
Ese frío que tiene color a tardes húmedas y lejanas, vistas siempre desde balcones tan distintos..
Que tiene sabor a mañanas frías y distantes de ti, sentidas solo desde los huecos de mi boca inquieta…
Que tiene la textura de lo desconocido, de eso que no sé si he tocado ya, y sin querer lo he dejado partir… o de eso que aun naciéndome claro entre los dedos, no logro llegar a comprender…

Y puedo escribirte también de lo que me cuenta el viento mientras tejo para ti estas palabras, eso... aunque no escucharàs como caen las gotas del violín sobre los labios del piano que no se cansa de llorar, y aunque no sentirás los besos de la piel de los sentidos, sobre la intensidad del sonido que se escapa de sus cuerdas…

Claro, supongo tambien que en este punto te habrás dado cuenta ya, de como me pierdo entre las letras…. pero es que no sé si mientras mas me pierda yo, mas cerca estaré de encontrarte..

Y así, yo sigo aquí… cada día más sin saber donde estàs… y sigo juntando las horas para encontrarte en ese otro mundo… donde los sueños dejen de ser fantasmas sin rostro, y donde los rostros dejen de ser acertijos por descubrir.

Por el momento, sigo esperando….

Y si no...

<center>Y si no...</center>

Y si no pudiera verte…
¿Cómo te describirás para que yo te imaginara?
¿Cómo te presentarías ante mí… sin cuerpo?

Podrías acaso dibujar con tu pluma esa sonrisa, que me hace ver en la oscuridad siempre los caminos pintados con las mismas huellas, y que me guía para no perderme entre estos espejos de tu presencia un día desterrados, o podrías también hablarme de esos ojos, que ven mas cerca de lo que ven los míos a través del cristal de mis recuerdos y del destino de mis pupilas que aun no llegan a tocarte..

Acaso me contarías de la delicadeza con que caen tus cabellos sobre los pensamientos desnudos, y me hablarías de la agilidad cómplice con que se mueven cada una de tus células danzantes… o me cantarías en el silencio, de la ternura con que se besan las piezas de tu cuerpo hasta embriagar de armonía tu imagen..

Y si no pudiera tocarte…
¿Cómo me harías saber cual es la textura de tu imagen?
¿Cómo me tocarías para que te supiera cerca?

Ungirías tal vez mis manos con el ardor de tus entrañas liquidas, para hacerme sentir así la esencia de lo que por dentro te roza el alma y le da vida al color salado de tu piel..
O quizás me sellarías el tacto con esa humedad que arropa tu sangre transformada en carne para dejarse sentir y acariciar..

Y hasta me hablarías del calor de tu deseo al naufragar sobre los lagos de mis labios sedientos y al perderse en las curvas que mis sueños intensos, o me describirías cada una de las heridas erguidas que adornan los jardines de tu cuerpo.

Y si no pudiera escucharte
¿Cómo me hablarías para que supiera que es a mí a quien cantas?
¿Con que voz le susurrarías a mis senderos mudos e inquietos?

Inventarías acaso otras lenguas que no fueran presas de estos oídos de carne para dejarme oírte y conocerte… o quizás tan solo bastaría con sentir el viento que te ha besado los suspiros para saber que es lo que por mi siente tu aliento..

O me escribirías en la conciencia cada una de las notas que hacen latir tu corazón con fuerza… y recrearías para mí la magia de tu vos, que en forma de melodía sale por tus cuerdas, deslizándose como gota sobre los rincones de mis sentidos ansiosos…

Y si no pudiera besarte…
¿Cómo me contarías del sabor de tus anhelos?
¿Cómo describirás el ritmo que le da sabor a la humedad de tus entrañas?

Podrías acaso deslizarte entre las puertas cerradas de mis miedos, hasta impregnarlos con el candor ardiente que te brota en la fantasía de mi mente, recorriendo así el mapa de mi boca desconocida y vacía de tus pasos en ella..

Quizás me darías a beber de la copa en donde se vierte tu alma liquida, para alimentar el frío seco que al no poder amarte renace entre mi ropa... o podrías abrazarte al viento, y como átomo indivisible penetrar en los muros que abrigan el pudor de mi aire que se aferra a respirar solo de tu olor.

Y si no supiera tu nombre…
¿Cómo sabrías que es a ti a quien escribo?
¿Cómo podrías responderme confiado estas preguntas?

Mis ángeles...

<center>Mis ángeles...</center>

Y es que la dicha de haber crecido rodeada de ángeles me embarga de agradecimiento…
Y es que mi niña, mi mujer, mi vida, la que muchas veces jugaba en soledad, se vio acunada siempre en los calidos brazos de esos seres, que en lugar de tener cara de hombres perfectos como los pintan, han tenido cara de amigos, de fieles compañeros, de caricias de inigualable calidez y ternura..

De ángeles de carne y hueso, y cuyo cuerpo en lugar de estar cubierto de majestuosos linos celestiales, ha estado cubierto de sedoso pelo, de hermosas plumas, de brillantes escamas, y gruesas cerdas que cobijan el ser.

Y es que en mis recuerdos aun flotan sus caricias, sus abrazos, sus besos, su apoyo, su compañía, sus miradas compasivas y alentadoras, sus palabras salidas del alma… esas que aun sin hablar el mismo idioma que yo… siempre me lo dijeron todo.

¿Y como no llevarlos tan adentro?
Si mis lágrimas y mis temores siempre se vieron acompañados de la comprensiva presencia de alguno de ellos.

Si mis risas y alegrías las compartieron conmigo también, y fueron quienes arraigaron en mí… un amor que dichosamente se ha sabido alimentar no solo de los seres de mi misma especie.

Si aun recuerdo aquel primer ángel, que con cuerpo de roedor y vestido de blanco, me enseñó a mi corta edad… a amar mas allá, a ver la belleza de la vida y la fragilidad de esta, reflejada en sus pequeñas fauces… todo esto cuando mi pequeña cabeza aun no comprendía lo importante que era alimentar mi amor y hacerlo crecer.

Ese ángel que aquel buen hombre un día puso en mis manos, sin saber que mas que en ellas, estaba sembrando en todo mi ser... la capacidad para medir mis fuerzas, para sostenerlo con ternura y no oprimirlo para no asfixiarlo, cosa que me serviría en adelante durante el transcurso de mi existir.

Y que me enseño al igual, que por mas pequeño que sea un cuerpo… la vida esta en el, tan viva y tan llena de magia, como en cualquiera de nosotros. Y me ayudo a comprender que no solo yo existía… que debía interactuar con el mundo que me rodeaba y cuidar de el.

Y como olvidar a ese otro ángel que una noble mujer me obsequio con gran cariño, envuelto en una manta de colores vistosos, esos mismos que quedaron empañados con el brillo de mis ojos al verlo, y con la luz azul que me nació en el corazón al tenerlo en mis brazos.

Ese ángel que vestido de can, me acompaño desde mi corta niñez hasta mi adolescencia, que me vio caer y levantarme, que me vio sufrir y amar, que me vio perderme y encontrarme….

Ese ángel, que partió de mi presencia bañado de sangre y atrocidad, a manos de una persona inconsciente que le cegó la vida. Pero que antes de partir, dejo sembrada en mí la conciencia de la amistad y el compañerismo que no tiene barreras.

Que me enseño también, que nada es eterno, y que como ángeles que son, un día retomaran su vuelo, y viajaran hasta su mundo que no conoce mas maldad que la que nosotros hemos sembrado en ellos.

Que viajaran hasta ese mundo, pero que dejaran en nosotros parte de el ….para no dejar desnuda la caricia de su sinceridad en nuestra piel de sangre… y que como ellos, así lo harán todos los demás seres que he amado. Que volaran un día igual… pero que seguirán en mi corazón, como parte del mundo que ellos mismos ayudaron a edificar en mi, y que por lo mismo siempre formaran parte de el.

Como no recordarlos a todos y cada uno de ellos, como no recordar su calor que me acogía, sus miradas puras que aun vuelan en mi alma, como un abrigo para reconfortarme después de lastimarme con las miradas llenas de odio, frío y rencor de algunas personas que se hacen llamar humanas.

Como no amar los colores con que pintaron mi niñez, y que siguen pintando mi recorrido en esta vida.

Como no amar a los que estuvieron y a los que están, a los que vienen y a los que se irán… si han sido capaces de hacer brotar en mi un sentimiento tan grande, como lo es amar mas allá de los muros de la igualdad, y que me han ayudado a extender esta gran dicha que nos ha sido dada, que es el poder de no querernos solo a nosotros mismos.

Entonces…
¿Como no quererlos y cuidarlos? Si para mi…. aunque muchos no los vean así…. en realidad son ángeles pintados de inocencia e instintos, y que han sido encarnados delicadamente en el cuerpo de un animal.

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Y me sigue jugando entre los ojos

<center><strong>Y me sigue jugando entre los ojos </strong></center>

La niña que juega en mis ojos se encontraba un día recostada sobre mi retina, mientras se divertía jugando a las canicas con mis pupilas, y en su afán por introducirlas en mis conductos lagrimales… las perdió.

Un poco desanimada siguió su camino, cuando de momento se le ocurrió resbalarse por el tobogán que se formaba con mi nervio óptico, y sin pensarlo dos veces, se aventuro a volar en la caída…
Lo que no sabía, era que abajo la esperaban las profundidades del cristalino, así que, a ella, al no saber nadar… no le quedo más que sostenerse de los cuerpos ciliares que se extendían a su alrededor, para no ahogarse.

Logro salir ilesa, mas quedo entristecida… y mientras caminaba con la frente dolida, se encontró con un extraño personaje que aseguro llamarse Vítreo, quien la hizo sonreír con su gran humor, y de paso le presento a su buen amigo Acuoso que no dejaba de llorar mientras reía.

Estando más animada siguió su recorrido por la calle esclerótica, y cuando pensaba que su paseo transcurriría bien… sintió como las lágrimas humedecían su vestido nuevo, ese que tan delicadamente había tejido al trenzar una a una mis pestañas tupidas…

Entonces corrió, corrió a refugiarse de la lluvia bajo uno de los bordes que se formaba con mi parpado inferior, mientras esperaba que en el cielo, la tristeza dejara de llover...

Paro el llanto, pero al salir de su escondite observo como el dolor le había robado luz a mi mirada ahora enrojecida… y tuvo una idea!! A pasos agigantados, voló a buscar una cajita, que recordó… había encontrado en el camino, que decía estar provista de unas armas mágicas llamadas fotorreceptores, las que pensó le podrían ser útiles en su singular hazaña…

Por fin la encontró… y al abrirla se percato de que estos curiosos artefactos estaban divididos en dos grupos: unos llamados Conos y otros llamados Bastones.

¿Para que los podré usar?.- pensó!

Cuando de momento, vio como a lo lejos brillaba una extraña gama de colores, que su madre le había contado un día…se llamaba Iris..

Fue entonces cuando decidió intentar algo nuevo, … y así, con los bastones forjo un Arco que al juntarlo con el Iris, serviría para llenar de luz colorida el cielo … ya que era sabido, que formaban una pareja hermosa, y lograrían entonces iluminar la mirada caída de mis ojos dormidos.

La niña estaba feliz por su buena obra del día, y se sentía satisfecha de su andanza visual. De pronto sintió como sus propios ojos le pesaban, y claro! era normal… el cuerpo pedía reposo después de haber vivido tantas aventuras… así que se dirigió a su morada, esa cueva húmeda y calida que se formaba en la orbita oscura de mi ojo.

Se acostó, cerro los ojos, se cubrió del frío con la tela rosada de mi parpado superior… y durmió placidamente, mientras abrazaba con delicado cariño a su linda mascota…. un curioso acaro de las pestañas, al que la niña hacia llamar tiernamente… Demodex folliculorum.

La niña que me juega entre los ojos

<center><strong>La niña que me juega entre los ojos</strong></center>

Ahora me pregunto que hacías escondida entre mis sabanas heridas, dormida entre mis cuentos sin rostros… danzando entre mis recuerdos acaecidos, esos… que en días como el de hoy te evocan tanto.

Creo que como todas las noches, tenías algo que decirme, algo que recordarme, algo que susurrarme detrás de los oídos dormidos… algo de esas historias que mientras duermo, tejes delicadamente con tus brazos de niña, para refugiar el frío de mi sombra convertida cada día, en un poco menos de ti.

Cuando desperté, pensé en ti… mientras mil imágenes se precipitaban como lagrimas desde las niñas de tus ojos, para mojar así la piel de mis tristezas… y si! es cierto que te vi con la mirada húmeda, pero mi corazón a su vez se alzaba en su ilusión, sonriendo.

Te recordé con cariño,
Con ese cariño que me inunda cada vez que camino nuevamente por las calles que recorriste, por los bosques que imaginaste, por los cielos en los que tantas veces intentaste volar..

Te recordé pequeña, enredada entre los árboles que le nacían de las manos a tu padre, jugando en los parques que le brotaban de los pies, abrazando a los niños que le cantaban entre los dedos, y perdida en el laberinto que se formaba en su cabello.

Imagino que es por eso que tenías la capacidad de esconderte en la inmensidad azul de tu diminuta cabeza soñadora, de introducirte en un retrato que nunca se pintaría mas, de volar sin alas entre las rejas de un libro… incluso llegaste muchas veces a sumergirte en la profundidad de una gota, buscando en ella la canción del mar…

Recuerdo que te gustaba andar descalza por los caminos de aquel mundo, tanto… que aun me haces sentir la tierra entre mis pasos caídos.
Supongo que con eso querías aprender a conocer con la piel, que era lo que tenías bajo tus pies… y no solo con los ojos, que aunque ven, no siempre logran comprender y mucho menos sentir…

Y la lluvia! te recuerdo bajo la lluvia, aun te veo sonriendo con el alma mojada, y con los sentimientos floreciendo. Caminado tranquila bajo las gotas que hidrataban tus ilusiones marchitas. Lavando con el dolor del cielo, la sangre que por los ojos te corría melancólica.

Si, lo se… era hermoso caminar sin destino entre las plantas frondosas de los jardines vecinos, perderse entre la milpa que solo dejaba ver el camino dibujado entre las nubes, bañarse en los ríos que contaban historias perdidas con las formas de sus rocas sobrepuestas…

Correr tras los caballos y volar sobre ellos. Cultivar las flores para deshojar algunas luego. Besar a tu perro, acariciar a tus aves… sentarte a oxigenar la inocencia en tus hamacas forjadas con hilos invisibles.

Te recuerdo así, y aun te veo así cuando mi mirada esquiva se queda estancada en la ternura de tus retratos sin enmarcar, en tu toque de inocencia dolida, en tus aires de niñez robada, pero bien sentida.

Aunque debo decirte, que siento contigo, que no todo fue bello y fabuloso, que recuerdo contigo las horas de soledad y de abandono, de incomprensión y de palabras rojas, de pérdidas y soledades injustificadas.

Que me se de memoria el miedo que sentiste al descubrir que el hombre a veces puede ser un animal, y que el animal, a veces puede ser mas que un amigo… puede ser incluso hasta un hermano.

Que se del dolor que te sembraron entre los brazos al dejarlos vacíos, del sabor amargo de la hiel que te hicieron tragar, de ese calor que se incrusta en la piel en los momentos de vergüenza.

Que se de las veces que tropezaste por correr tan deprisa, de las cicatrices profundas e invisibles que te quedaron impresas en el alma… de los llantos que te tragaste por miedo a que no fueran comprendidos..

Y mientras recuerdo todo esto, siento al escribirte que me duelen las manos, y es porque en el pecho me nacen unos brazos alados que se mueren por acariciarte y darte cariño, y del alma me brotan palabras que lo único que quisieran es decirte que todo estará bien… que no estas sola.

Por eso… me encantaría ahora regresar unos años en mi vida y jugar a vivirla contigo, incluso te ayudaría a desarmar las muñecas y a pintarle los ojos al caballo, a esconder las canicas y recoger las trampas que has dejado en el camino.

Te tomaría de la mano para que caminásemos juntas, mas no intentaría cambiar tu recorrido, porque se… que lo que has forjado en cada latido… algunas veces con dolor y otras con placer… es lo que aun te mantiene viva dentro de mi.

Solamente, me sentaría en el suelo junto a ti, dibujaría paisajes en la tierra seca, imaginaria otros mundos en las nubes espesas, andaría descalza y me dejaría el cabello al aire, correría sin saber a donde, me acostaría en el césped, me resbalaría sobre mis ilusiones, me treparía en los árboles, me deslizaría sobre el tiempo en los patines del ensueño, y nadaría desnuda en los charcos de mis calles de luna, sin miedo a sentir de cerca la mirada de la perversidad.

Jugaría con las princesas diminutas, y con los niños de azúcar, con el can que habla, y con el oso que no muerde. Haría de las enredaderas mis palacios, y de las espinas las armas para esgrimir mis sueños. Sería medico de hormigas y maestra de orugas. Dormiría de nuevo abrigando el dolor de un ave herida y acunado el frío de la desnudez de un ratón sin madre.

Me emocionaría al escuchar un cuento, al ver un juguete nuevo, al sentir el viento sobre mi cuerpo, al acariciar el abrazo de mi padre, al ver la sonrisa de mi madre, las alegrías risueñas de mis hermanos, al tener un cachorro nuevo, al escuchar la voz de mi pájaro amigo, la música de mi grillo cantor.

Ay! Cuantas cosas haría que dejé perdidas un día entre los párrafos secos de mis capítulos yertos…
Cuantas cosas volvería a hacer contigo… mi yo niña, mi yo pequeña, mi yo que hace algunos años quiso jugar a ser mujer, y sin quererlo… en el camino se perdió en el cuerpo de una que le escribe hoy.

Mi yo, esa pequeña niña que aun me juega entre los columpios de mis sueños, esa parte esencial de mi que cuando menos lo espero, regresa navegando en sus barquitos de papel por los ríos de mi sangre, mientras me sonríe detrás de la sombra, recordándome con sus ojos de luz, que quizás… aun soy mas ella… la niña que juega a ser mujer… y no la mujer que un día quiso dejar de ser niña.

Y Dios me hizo mujer

<center><strong>Y Dios me hizo mujer</strong></center>

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.

Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.

Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas
que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belli

Solo un sueño..

<center><strong>Solo un sueño..</strong></center>

Y trazare con mi pluma
la línea que recorre tu espalda desnuda..
Que baja por la agilidad de tus piernas
y dibuja la calidez de tus abrazos
Realzando así el camino
que ha de seguir mi piel sobre tu cuerpo
Hasta encontrar el sabor en tus regazos.

Pintare entonces con el color de mi pasión,
las fantasías que florecen en tus anhelos..
para regar así, con el agua viva de mis sueños..
los pétalos de tu amor,
que se enredan en mi razón sin compasión.

Me perderé sin miedo en cada herida de tu aliento
Y la ungiré con la miel que brota de mis poros abiertos..
Que se desliza entre mi sangre
para alimentar tus desiertos
aliviando el frío de tus sentidos muertos..

Tejeré con las hebras de mis cabellos, ese manto…
que al verte desnudo,
caerá delicadamente sobre la piel de tu encanto,
Y edificare con mi cuerpo…
La cueva que con ardiente intensidad..
Ha de ser el cobijo que le de candor a tu virilidad…

Pintare luego, con mi sangre,
el color de tu deseo,
que acelerado viajara por los laberintos de mis encuentros,
Buscando la cuna de mi corazón ateo,
Hasta encontrar lo profundo de sus cimientos...

Entonces…
Danzara mi alma fundía en la dicha de tu presencia,
Se llenara mi fuente de vida concebida,
Se perderán mis ojos en los lagos de tu esencia,
Y será mi piel, el lienzo, donde dibujes
de tu calor… la vehemencia.

Pero luego…
Se derramará mi alma fluyendo,
por los surcos de mis ojos corriendo…
se anidaran mis lágrimas
en estos labios vacíos aun sin dueño…
Y se perderá mi ilusión
en los laberintos de la pasión,
Ytodo esto…. al darme cuenta al fin…
de que todo lo vivido… no ha sido mas,
que un furtivo sueño...

Una carta no escrita...

<center><strong>Una carta no escrita...</strong></center>

¿Sabes? Hoy me sorprendí pensando en ti…
Aunque la verdad… creo que son mis soledades las que llevan años pensándote, y estos vacíos los que han visto pasar mis vidas, tratando de llenarse del recuerdo de ti… sin haberme hecho partícipe de ello…

Me senté en el sofá frente a mi ventana, mientras nuestras historias aun no escritas llovían sobre mis techos aun no barridos y llenos de terrosos recuerdos..
Quizás pensaba que con el agua que corría sobre sus ojos de cristal, se borraría un poco esta ausencia que has dejado sembrada en mí, o se regarían así las flores que prometiste serian un rayo de luz para mis sueños oscuros..

Pensé, pensé en todas esas palabras que me hablan de ti con tantas voces distintas… esas que nunca te he dicho al no haber encontrado una voz tan desconocida como la tuya, y las sople ilusionada, para dejarlas volar en tus vientos, o simplemente… para dejarlas sembradas como letras en tu pecho…

Sentí, sentí en las carencias el frío en tu lejanía, ese frío que me desintegra la razón al encontrarse con el calor de esos mundos mágicos que un día quise pintar para ti, y al saberme perdida en los caminos que yo misma dibujé para que viajáramos juntos.

No se, pero creo que las canciones gastadas que me aletean entre las yemas de los dedos al escribirte, no son mas que las huellas que dejamos impresas en esos caminos que nunca pisamos juntos… o mas bien, si así lo quieres… que nunca conocimos a pesar de haber caminado tantas veces por sus grietas, de la mano..

Debe ser por eso que la oscuridad de esta noche se me hace tan conocida, tan cercana al alma, como la humedad que siento en los ojos al pensar en tus silencios cada vez mas fáciles de escuchar en la distancia, cada vez menos difíciles de cortar con mi boca..

Si! creo que es por eso que hoy quise pensar en ti...
Porque te siento aquí, tan cerca…
Como si fueras el viento que se enreda entre mi pelo jugando con mis pensamientos..
Como si fueras el ruido de esos trenes que transitan por los laberintos de mi razón ansiosa…
Como si fueras la nada que me toca y que sin tener cuerpo me acaricia hasta besarme el alma..

Así! así de cerca te siento… aunque es extraño sentirte cerca cuando nunca te has sentado junto a mi, cuando nunca hemos bebido de la vida en la misma copa..
Cuando se que tus aves se desvelan ahora por otro cielo y se bañan en otras nubes… es mas…. estoy conciente de que quizás no han nacido aun, y si lo han hecho... me cuentan con sus cantos que no han aprendido todavía a volar hacia mi..

Ahora, me he quedado por un momento detenida en el paisaje de nuestros futuros, ese que alguien con mano invisible ha pintado sobre los muros de las ciudades que habitaremos un día…. y está descolorido, parece desgastado por el tiempo que aun no ha empezado a correr y carcomido por los dolores que aun no nos ha tocado vivir…

Mas debo decirte…
Que aunque cada vez más tenue vea la línea de tu vida dibujada sobre la pupila de mi muerte…
Y aunque cada vez mas frío sienta en el alma al saber que solo eres aire que me roza desde lejos…

Se que estas cerca, o al menos… que lo estarás en algún tiempo, o quizás… yendo mas lejos… en alguna futura vida.

Tengo todo...

<center><strong>Tengo todo...</strong></center>

Hoy…
Tengo todo para cantarte…
Las notas de un piano que me he robado
con las garras de mis deseos sedientos..
La dulzura de la flor de esos labios
que se han nutrido del néctar de tus besos..
La voz de un ángel que ha quedado adormecido
en el calor de mis sentimientos..
La armonía del canto del viento en mis sentidos despiertos..
El ritmo de las almas que se arrullan
calidamente con sus cuerpos descubiertos..

Tengo todo para abrazarte..
El calor sembrado en mis húmedos desiertos..
La fuerza del mar en mi sangre
que recorre mi cuerpo ávida de penetrarte..
La ternura de la flor que nace desnuda
ante la frialdad de los sentimientos inciertos.
El cobijo de mi alma vestida de seda para arroparte..

Tengo todo para besarte...
Dos pétalos húmedos y tibios para rozarte..
Un anhelo vestido de carne que suavemente
danza para incitarte..
Mi alma liquida, fluida en miel para bañarte..
El deseo vuelto calor, oscuridad y ritmo para saciarte..

Tengo todo para regalarte..
Mi corazón envuelto en tímida
confianza para entregarte..
Mi cuerpo cubierto de sentimientos
profundos para impregnarte.
Mi piel despierta,
tiernamente ardiendo para acariciarte..
Mi alma sutilmente desnuda para arrullarte.
Mi razón amordazada y mi mente despierta para pensarte..

Hoy tengo todo para amarte..
Y sin embargo, aun me falta encontrarte…
Para saber así, que nombre podré darte..
En que piel podré pintarte.
En que mundo podré buscarte..
Y de que alma llegara la mía a formar parte..

Continuidad en los parques

<center><strong>Continuidad en los parques </strong></center>

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirian color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.

Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subio los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Julio Cortazar

La puerta condenada

<center><strong>La puerta condenada </strong>

A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo. Petrone aceptó una habitación con baño en el segundo piso, que daba directamente a la sala de recepción. Por el tablero de llaves en la portería supo que había poca gente en el hotel; las llaves estaban unidas a unos pesados discos de bronce con el número de habitación, inocente recurso de la gerancia para impedir que los clientes se las echaran al bolsillo.

El ascensor dejaba frente a la recepción, donde había un mostrador con los diarios del día y el tablero telefónico. Le bastaba caminar unos metros para llegar a la habitación. El agua salía hirviendo, y eso compensaba la falta de sol y de aire. En la habitación había una pequeña ventana que daba a la azotea del cine contiguo; a veces una paloma se paseaba por ahí. El cuarto de baño tenía una ventana más grande, que se habría tristemente a un muro y a un lejano pedazo de cielo, casi inútil. Los muebles eran buenos, había cajones y estantes de sobra. Y muchas perchas, cosa rara.

El gerente resultó ser un hombre alto y flaco, completamente calvo. Usaba anteojos con armazón de oro y hablaba con la voz fuerte y sonora de los uruguayos. Le dijo a Petrone que el segundo piso era muy tranquilo, y que en la única habitación contigua a la suya vivía una señora sola, empleada en alguna parte, que volvía al hotel a la caída de la noche. Petrone la encontró al día siguiente en el ascensor. Se dio cuenta de que era ella por el número de la llave que tenía en la palma de la mano, como si ofreciera una enorme moneda de oro. El portero tomó la llave y la de Petrone para colgarlas en el tablero, y se quedó hablando con la mujer sobre unas cartas. Petrone tuvo tiempo de ver que era todavía joven, insignificante, y que se vestía mal como todas las orientales.

El contrato con los fabricantes de mosaicos llevaría más o menos una semana. Por la tarde Petrone acomodó la ropa en el armario, ordenó sus papeles en la mesa, y después de bañarse salió a recorrer el centro mientras se hacía hora de ir al escritorio de los socios. El día se pasó en conversaciones, cortadas por un copetín en Pocitos y una cena en casa del socio principal. Cuando lo dejaron en el hotel era más de la una. Cansado, se acostó y se durmió en seguida. Al despertarse eran casi las nueve, y en esos primeros minutos en que todavía quedan las sobres de la noche y del sueño, pensó que en algún momento lo había fastidiado el llanto de una criatura.

Antes de salir charló con el empleado que atendía la recepción y que hablaba con acento alemán. Mientras se informaba sobre líneas de ómnibus y nombres de calles, miraba distraído la enorme sala en cuyo extremo estaban la puerta de su habitación y la de la señora sola. Entre las dos puertas había un pedastal con una nefasta réplica de la Venus de Milo. Otra puerta, en la pared lateral daba a una salida con los infaltables sillones y revistas. Cuando el empleado y Petrone callaban el silencio del hotel parecía coagularse, caer como cenizas sobre los muebles y las baldosas. El ascensor resultaba casi estrepitoso, y lo mismo el ruido de las hojas de un diario o el raspar de un fósforo.

Las conferencias terminaron al caer la noche y Petrone dio una vuelta por 18 de Julio antes de entrar a cenar en uno de los bodegones de la plaza Independencia. Todo iba bien, y quizá pudiera volverse a Buenos Aires antes de lo que pensaba. Compró un diario argentino, un atado de cigarrillos negros, y caminó despacio hasta el hotel. En el cine de al lado daban dos películas que ya había visto, y en realidad no tenía ganas de ir a ninguna parte. El gerente lo saludó al pasar y le preguntó si necesitaba más ropa de cama. Charlaron un momento, fumando un pitillo, y se despidieron.

Antes de acostarse Petrone puso en orden los papeles que había usado durante el día, y leyó el diario sin mucho interés. El silencio del hotel era casi excesivo, y el ruido de uno que otro tranvía que bajaba por la calle Soriano no hacía más que pausarlo, fortalecerlo para un nuevo intervalo. Sin inquietud pero con alguna impaciencia, tiró el diario al canasto y se desvistió mientras se miraba distraído en el espejo del armario. Era un armario ya viejo, y lo habían adosado a una puerta que daba a la habitación contigua. A Petrone lo sorprendió descubrir la puerta que se le había escapado en su primera inspección del cuarto. Al principio había supuesto que el edificio estaba destinado a hotel pero ahora se daba cuenta de que pasaba lo que en tantos hoteles modestos, instalados en antiguas casas de escritorios o de familia. Pensándolo bien, en casi todos los hoteles que había conocido en su vida —y eran muchos— las habitaciones tenían alguna puerta condenada, a veces a la vista pero casi siempre con un ropero, una mesa o un perchero delante, que como en este caso les daba una cierta ambigüedad, un avergonzado deseo de disimular su existencia como una mujer que cree taparse poníendose las manos en el vientre o los senos. La puerta estaba ahí, de todos modos, sobresaliendo del nivel del armario. Alguna vez la gente había entrado y salido por ella, golpeándola, entornándola, dándole una vida que todavía estaba presente en su madera tan distinta de las paredes. Petrone imaginó que del otro lado habría también un ropero y que la señora de la habitación pensaría lo mismo de la puerta.

No estaba cansado pero se durmió con gusto. Llevaría tres o cuatro horas cuando lo despertó una sensación de incomodidad, como si algo ya hubiera ocurrido, algo molesto e irritante. Encendió el velador, vio que eran las dos y media, y apagó otra vez. Entonces oyó en la pieza de al lado el llanto de un niño.

En el primer momento no se dio bien cuenta. Su primer movimiento fue de satisfacción; entonces era cierto que la noche antes un chico no lo había dejado descansar. Todo explicado, era más fácil volver a dormirse. Pero después pensó en lo otro y se sentó lentamente en la cama, sin encender la luz, escuchando. No se engañaba, el llanto venía de la pieza de al lado. El sonido se oía a través de la puerta condenada, se localizaba en ese sector de la habitación al que correspondían los pies de la cama. Pero no podía ser que en la pieza de al lado hubiera un niño; el gerente había dicho claramente que la señora vivía sola, que pasaba casi todo el día en su empleo. Por un segundo se le ocurrió a Petrone que tal vez esa noche estuviera cuidando al niño de alguna parienta o amiga. Pensó en la noche anterior. Ahora estaba seguro de que ya había oído el llanto, porque no era un llanto fácil de confundir, más bien una serie irregular de gemidos muy débiles, de hipos quejosos seguidos de un lloriqueo momentáneo, todo ello inconsistente, mínimo, como si el niño estuviera muy enfermo. Debía ser una criatura de pocos meses aunque no llorara con la estridencia y los repentinos cloqueos y ahogos de un recién nacido. Petrone imaginó a un niño — un varón, no sabía por qué— débil y enfermo, de cara consumida y movimientos apagados. Eso se quejaba en la noche, llorando pudoroso, sin llamar demasiado la atención. De no estar allí la puerta condenada, el llanto no hubiera vencido las fuertes espaldas de la pared, nadie hubiera sabido que en la pieza de al lado estaba llorando un niño.

Por la mañana Petrone lo pensó un rato mientras tomaba el desayuno y fumaba un cigarrillo. Dormir mal no le convenía para su trabajo del día. Dos veces se había despertado en plena noche, y las dos veces a causa del llanto. La segunda vez fue peor, porque a más del llanto se oía la voz de la mujer que trataba de calmar al niño. La voz era muy baja pero tenía un tono ansioso que le daba una calidad teatral, un susurro que atravesaba la puerta con tanta fuerza como si hablara a gritos. El niño cedía por momentos al arrullo, a las instancias; después volvía a empezar con un leve quejido entrecortado, una inconsolable congoja. Y de nuevo la mujer murmuraba palabras incomprensibles, el encantamiento de la madre para acallar al hijo atormentado por su cuerpo o su alma, por estar vivo o amenazado de muerte.

«Todo es muy bonito, pero el gerente me macaneó» pensaba Petrone al salir de su cuarto. Lo fastidiaba la mentira y no lo disimuló. El gerente se quedó mirándolo.

—¿Un chico? Usted se habrá confundido. No hay chicos pequeños en este piso. Al lado de su pieza vive una señora sola, creo que ya se lo dije.

Petrone vaciló antes de hablar. O el otro mentía estúpidamente, o la acústica del hotel le jugaba una mala pasada. El gerente lo estaba mirando un poco de soslayo, como si a su vez lo irritara la protesta. «A lo mejor me cree tímido y que ando buscando un pretexto para mandarme mudar», pensó. Era difícil, vagamente absurdo insistir frente a una negativa tan rotunda. Se encogió de hombros y pidió el diario.

—Habré soñado —dijo, molesto por tener que decir eso, o cualquier otra cosa.

El cabaret era de un aburrimiento mortal y sus dos anfitriones no parecían demasiado entusiastas, de modo que a Petrone le resultó fácil alegar el cansancio del día y hacerse llevar al hotel. Quedaron en firmar los contratos al otro día por la tarde; el negocio estaba prácticamente terminado.

El silencio en la recepción del hotel era tan grande que Petrone se descubrió a sí mismo andando en puntillas. Le habían dejado un diario de la tarde al lado de la cama; había también una carta de Buenos Aires. Reconoció la letra de su mujer.

Antes de acostarse estuvo mirando el armario y la parte sobresaliente de la puerta. Tal vez si pusiera sus dos valijas sobre el armario, bloqueando la puerta, los ruidos de la pieza de al lado disminuirían. Como siempre a esa hora, no se oía nada. El hotel dormía las cosas y las gentes dormían. Pero a Petrone, ya malhumorado, se le ocurrió que era al revés y que todo estaba despierto, anhelosamente despierto en el centro del silencio. Su ansiedad inconfesada debía estarse comunicando a la casa, a las gentes de la casa, prestándoles una calidad de acecho, de vigilancia agazapada. Montones de pavadas.

Casi no lo tomó en serio cuando el llanto del niño lo trajo de vuelta a las tres de la mañana. Sentándose en la cama se preguntó si lo mejor sería llamar al sereno para tener un testigo de que en esa pieza no se podía dormir. El niño lloraba tan débilmente que por momentos no se lo escuchaba, aunque Petrone sentía que el llanto estaba ahí, continuo, y que no tardaría en crecer otra vez. Pasaban diez o veinte lentísimos segundos; entonces llegaba un hipo breve, un quejido apenas perceptible que se prolongaba dulcemente hasta quebrarse en el verdadero llanto.

Encendiendo un cigarrillo, se preguntó si no debería dar unos golpes discretos en la pared para que la mujer hiciera callar al chico. Recién cuando los pensó a los dos, a la mujer y al chico, se dio cuenta de que no creía en ellos, de que absurdamente no creía que el gerente le hubiera mentido. Ahora se oía la voz de la mujer, tapando por completo el llanto del niño con su arrebatado —aunque tan discreto— consuelo. La mujer estaba arrullando al niño, consolándolo, y Petrone se la imaginó sentada al pie de la cama, moviendo la cuna del niño o teniéndolo en brazos. Pero por más que lo quisiera no conseguía imaginar al niño, como si la afirmación del hotelero fuese más cierta que esa realidad que estaba escuchando. Poco a poco, a medida que pasaba el tiempo y los débiles quejidos se alternaban o crecían entre los murmullos de consuelo, Petrone empezó a sospechar que aquello era una farsa, un juego ridículo y monstruoso que no alcanzaba a explicarse. Pensó en viejos relatos de mujeres sin hijos, organizando en secreto un culto de muñecas, una inventada maternidad a escondidas, mil veces peor que los mimos a perros o gatos o sobrinos. La mujer estaba imitando el llanto de su hijo frustrado, consolando al aire entre sus manos vacías, tal vez con la cara mojada de lágrimas porque el llanto que fingía era a la vez su verdadero llanto, su grotesco dolor en la soledad de una pieza de hotel, protegida por la indiferencia y por la madrugada.

Encendiendo el velador, incapaz de volver a dormirse, Petrone se preguntó qué iba a hacer. Su malhumor era maligno, se contagiaba de ese ambiente donde de repente todo se le antojaba trucado, hueco, falso: el silencio, el llanto, el arrullo, lo único real de esa hora entre noche y día y que lo engañaba con su mentira insoportable. Golpear en la pared le pareció demasiado poco. No estaba completamente despierto aunque le hubiera sido imposible dormirse; sin saber bien cómo, se encontró moviendo poco a poco el armario hasta dejar al descubierto la puerta polvorienta y sucia. En pijama y descalzo, se pegó a ella como un ciempiés, y acercando la boca a las tablas de pino empezó a imitar en falsete, imperceptiblemente, un quejido como el que venía del otro lado. Subió de tono, gimió, sollozó. Del otro lado se hizo un silencio que habría de durar toda la noche; pero en el instante que lo precedió, Petrone pudo oír que la mujer corría por la habitación con un chicotear de pantuflas, lanzando un grito seco e instantáneo, un comienzo de alarido que se cortó de golpe como una cuerda tensa.

Cuando pasó por el mostrador de la gerencia eran más de las diez. Entre sueños, después de las ocho, había oído la voz del empleado y la de una mujer. Alguien había andado en la pieza de al lado moviendo cosas. Vio un baúl y dos grandes valijas cerca del ascensor. El gerente tenía un aire que a Petrone se le antojó de desconcierto.

—¿Durmió bien anoche? —le preguntó con el tono profesional que apenas disimulaba la indiferencia.

Petrone se encogió de hombros. No quería insistir, cuando apenas le quedaba por pasar otra noche en el hotel.

—De todas maneras ahora va a estar más tranquilo — dijo el gerente, mirando las valijas—.La señora se nos va a mediodía.

Esperaba un comentario, y Petrone lo ayudó con los ojos.

—Llevaba aquí mucho tiempo, y se va así de golpe. Nunca se sabe con las mujeres.

—No —dijo Petrone—. Nunca se sabe.

En la calle se sintió mareado, con un mareo que no era físico. Tragando un café amargo empezó a darle vueltas al asunto, olvidándose del negocio, indiferente al espléndido sol. Él tenía la culpa de que esa mujer se fuera del hotel, enloquecida de miedo, de vergüenza o de rabia. Llevaba aquí mucho tiempo...Era una enferma, tal vez, pero inofensiva. No era ella sino él quien hubiera debido irse del Cervantes. Tenía el deber de hablarle, de excusarse y pedirle que se quedara, jurándole discreción. Dio unos pasos de vuelta y a mitad del camino se paró. Tenía miedo de hacer un papelón, de que la mujer reaccionara de alguna manera insospechada. Ya era hora de encontrarse con los dos socios y no quería tenerlos esperando. Bueno, que se embromara. No era más que una histérica, ya encontraría otro hotel donde cuidar a su hijo imaginario.

Pero a la noche volvió a sentirse mal, y el silencio de la habitación le pareció todavía más espeso. Al entrar al hotel no había podido dejar de ver el tablero de las llaves, donde faltaba ya la de la pieza de al lado. Cambió unas palabras con el empleado, que esperaba bostezando la hora de irse, y entró en su pieza con poca esperanza de poder dormir. Tenía los diarios de la tarde y una novela policial. Se entretuvo arreglando sus valijas, ordenado sus papeles. Hacía calor, y abrió de par en par la pequeña ventana. La cama estaba bien tendida, pero la encontró incómoda y dura. Por fin tenía todo el silencio necesario para dormir a pierna suelta, y le pesaba. Dando vueltas y vueltas, se sintió como vencido por ese silencio que había reclamado con astucia y que le devolvían entero y vengativo. Irónicamente pensó que extrañaba el llanto del niño, que esa calma perfecta no le bastaba para dormir y todavía menos para estar despierto. Extrañaba el llanto del niño, y cuando mucho más tarde lo oyó, débil pero inconfundible a través de la puerta condenada, por encima del miedo, por encima de la fuga en plena noche supo que estaba bien y que la mujer no había mentido, no se había mentido al arrullar al niño, al querer que el niño se callara para que ellos pudieran dormirse.

Julio Cortazar

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Mañana, si me dejas….

<strong><center>Mañana, si me dejas….</center></strong>

Mañana, si me dejas….
Cuando sientas que la carne estorbe..
Me perderé en la tarde vestida de viento
para apagar el calor del sol que te absorbe
Y me robare la luna con su plata,
para pintarte un mágico mundo que de ilusión desborde.

Mañana, si me dejas…
Cuando duermas, seré hada callada
Que te hablara en el silencio de tus azules sueños
Y que volara suspendida en la dicha de saberlos
a ellos y a ti sus amantes dueños.

Mañana, si me dejas....
Cuando sientas el filo de la vida herir tus ojos
Vestiré mis caricias de finas hebras
Y tejeré un manto de flor para secar con sus besos,
las lágrimas de tus diamantes rojos.

Mañana, si me dejas…
Cuando te sientas solo…
La esencia de mi amor se pintara un cuerpo
y se llenara de piel,
con el afán de ser tu aliada tan solo
y acariciarte con esa dulzura que te impregnara de miel.

Mañana, si me dejas…
Cuando tu voz se pierda…
Seré ladrona de notas, cazadora libre de rejas
Traeré para ti la voz de la guitarra dormida,
con su angelical cuerda
y con el canto del jilguero que sueña con tu amor,
volando entre la hiedra.

Mañana, si me dejas….
Cuando la sed te quiebre la vida…
Disolveré la mía en alma liquida de furtiva huida
Para saciar tú deseo,
para que bebas del sabor de mi ilusión en juego
Para calmar el dolor que hiriente,
te brota desde el fuego.

Mañana, si me dejas…
Cuando sientas la pasión desierta..
Dejare mi alma húmeda, desnuda,
y con su piel tibia, descubierta
para encenderla con el calor de mí sangre abierta
y penetrarla con el baño de mí fuente viva
e incitantemente despierta.

Mañana, si me dejas….
Cuando el desamor rompa tu corazón en pedazos…
Construiré con mis sueños inquebrantables lazos
y con mis anhelos delicados abrazos,
para sellar la herida,
por donde sale tu ilusión sangrado por retazos..

Mañana, si me dejas…
Seré tu alma amiga y tu disuelta enemiga..
Seré ese amor cómplice que en tus sueños bosquejas..
Y por fin dejare de preguntarme
Si me dejas...

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