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 Las sombras se sostienen de pie y yo cayendo bañando el mar con sal de sangre entre mis huesos de rostros heridos que engullen recuerdos bramando caricias enredaderas tus besos.
Los vacíos gimen y yo ardiendo con el vientre lloroso de corales risueños de arenas regadas en tus fálicos sueños.
¿Escuchas? El aire huele a cuerpos de ceras maleables arcilla en tus dedos A flores naciendo en tallos erectos rociando polen espuma blanca brisa entre mis senos.
Los murmullos no callan escudriñan misterios penetran el vaho de tu sed en mis labios de mi esencia en tus poros inquietos.
La noche termina… y tú no has vuelto, y mis bóvedas frías anhelan tu cuerpo que adherido a mi carne me bebe el aliento
Y mis manos se pierden estallando intentos como insectos fugaces engendrando suelos de las selvas espesas que dibujan tus lienzos en mi piel dormida renacida en tu sexo. La niña… sentada, callada, y absorta lo ve desde lejos a veces lo toca le cuenta las líneas y las paredes rotas.
Le besa el silencio mordiendo las rocas se abraza a su bosque y se hunde en las hojas.
La niña lo piensa y le sangran las horas de los labios le arranca madrugadas y auroras.
La niña lo quiere La niña lo adora La niña se muere La niña lo llora
Sus puertas se abren entre flores y aromas con azules manzanas que desgranan Pandoras.
Las cortinas de humo con orquídeas se adornan y los mármoles fríos con el sol se tornan callados sonidos en alas de amor.
Sus ventanas, zafiros entre alegres rondas de silvestres enanos con hermosas Giocondas
De los techos cobijo un cristal escarlata Y del suelo le brotan mil espinas de plata, un geranio de oro una nube de mar.
Y la niña lo quiere Y la niña lo adora Y la niña se hiere Y la niña lo añora
¡Oh lejano palacio! ¡Oh cercano martirio!
Te rodearon de dioses te sembraron de lirios te colgaron gladiolas te forjaron idilios.
Te pusieron tan lejos que sus pasos no alcanzan y la niña te grita y sus palabras se abrasan entre calles perdidas en burbujas de laca, que le cierran el paso que le enredan el alma.
Que la adhieren tan hondo cómo luz a la nada al oscuro fondo de su cárcel cerrada…
A la huella vacía de su historia sin ti.
 Viernes, un día como cualquier otro, uno de tantos que pasan y pasan, sin avisar que se roban un poco de nuestra vida. Y yo aquí, de nuevo, partiendo temprano para los días de antes, y tarde para los de ahora… como el de hoy, en que las ganas de verte, son mas que las de observar cómo el mundo se mueve allá por afuera. Llueve, camino bajo la lluvia y creo también, regresaré de la mano de ella… no te lo dije antes de partir… ¿no?.... creo que no lo hice… En las calles todo se ve como siempre que el sol se baña bajo las nubes, igual… los mismos rostros, las mismas cosas… Los corredores de la facultad vacíos, fríos, callados, mojados, nada acogedores para los momentos en los que el corazón se siente igual de frío y necesita sentir calor, pero muy amistosos para la melancolía que está sentada al lado esperando la oportunidad para acompañarnos. Camino un rato por ellos, respirando profundo, tocando alguna gota que se deja caer desde las ramas de los árboles que adornan los caminos de tierra entre edificios. Pienso en ti, como siempre… y sigo mi camino… con los pies bañados marcando el paso en las graderías, con pocas ganas de escuchar las bromas plásticas y vacías de los compañeros. Me detengo un rato a observarlos, me parecen tan superficiales… que me hacen sentir extraña, sentada a lo lejos,… Y me digo, será la edad, ¡seguro!… aunque en el fondo no termino de convencerme, me veo a su lado con escasos años de diferencia. Aparece el catedrático interrumpiendo mis ideas… se le percibe con pocos ánimos de impartir la clase, tanto como tenemos nosotros de recibirla…. Termina la charla entre los bostezos de unos que parecen dormir más que vivir, las risas de otros felices porque terminó su incordio semanal, y las caras arrugadas de los que se quejan de la lluvia por arruinar los planes de fiesta y bebidas de los viernes por la tarde. Sigo mi camino, sola, sin deseos de encontrar a nadie… aguardo el bus en la estación mal ubicada que han dejado en un lugar sin techo, espero… y sigo esperando que pasen todos los números, ¡menos el que me lleva!. –Se volvió algo de todos los días-. Pasa un rato, a lo lejos diviso el mío, vacío… un solo pasajero sentado en la parte de atrás acompaña al chofer y al ayudante… dudo en subir, pero me quiebro con el frío, el pelo gotea tanto que deja caer el mar entero entre mis ropas, tan pesadas que parecen tener alguna fuerza magnética que las atrae hacia la tierra. Me siento del lado derecho, pegada a la ventana que no deja ver nada, empañada por el calor de los cuerpos y el motor, que se encuentran con el clima que afuera aguarda poco cariñoso. Y sigo pensando en ti… en dónde estarás en ese momento, qué harás, qué palabras dirás y quién te escuchará… quién te ve, quién te toca… quién acaricia tus pasos con sus ojos cuando te alejas… incluso, pienso que no faltara quien te roce las manos a escondidas sin quererlo, sin saber que yo con las mías vacías, me muero por tener el calor de tu piel entre mis huellas y de tus labios sobre mi pecho ardiente que se quema sin tener tu sed para apagarlo. Los minutos pasan lentos, en el camino aborda mas gente, y mas, y mas gente, hasta que el lugar tranquilo y espacioso, se transforma en un sauna formado por paredes y vapores de cuerpos vivos y pensantes. Llega mi hora de bajar, sigue lloviendo –pero qué importa si traigo la lluvia encima desde siempre- me dirijo a la salida, entre sonrisas cortadas por las caras rígidas, y tropezones con pies torpes que se cruzan por el camino… salgo, logro pasar ilesa por el pequeño tramo, que puede - si no soy audaz- hacerme viajar muchos kilómetros más, aun sin yo quererlo. Pongo un pie, luego el otro sobre el asfalto humeante, y mis ojos sobre el auto que transita en la calle que debo seguir, mientras mi mente sigue en el lugar que tú ya sabes –pensando en ti, siempre en ti-. Así, sin darme cuenta, me veo sumergida en la colonia vecina que me sirve de pasadizo para alcanzar mi destino. “Ciudad de plata” así se llama esa colonia de paredes pequeñas… y vaya que no está lejos de serlo, no esta lejos tampoco de ser un cuento... de ser un paraíso que une diminutos jardines mágicos, con la cálida sonrisa de sus residentes que parecen haberme tomado cariño de tanto verme, y que me acogen con candidez aun antes de llegar hasta el lugar al que arribo con tantas ansias. Sonrío, saludo, cruzo algunas palabras con la gente del camino y sigo directo al puente alto que comunica mi “villa linda” con esa ciudad vegetal y pintoresca, despidiendome a lo lejos, con los rostros de estos personajes que me han acompañado en el mismo recorrido desde mi niñez, y de paso saludo al sol que se me acerca sonriente con los primeros rayos coloridos que cruzan el cielo con el arcoiris. Los autos parecen tensos, seguro que lo están, no debe ser fácil llevar encima a estas personas con mala cara, enfadadas y gritando sin razón aparente. Pero los autos al final de cuentas no me importan, porque cada vez que me acerco mas, siento menos lo de afuera, el mundo exterior se pierde en un palpitar interno que se intensifica a cada paso, a cada segundo que siento esta necesidad de estar en ti, necesidad que me come y me digiere, que me abraza y me acaricia, que me muerde y me enloquece, al punto de hacerme caminar los últimos minutos sin sentirlos, sin ver a nadie, sin siquiera responder las buenas intenciones que me lanzan como flores los vecinos que me salen al camino. Llego a casa, por fin, así, entre nubes con soles danzantes, con el cuerpo todavía goteante, y me apresuro a sacar de mi mochila el llavero que guarda esa sonrisa que me abrirá las puertas a tus brazos, a tus caricias que me esperan sentadas en la alcoba para recoger mis sabores del día. Abro la puerta, entro en silencio, ansiosa por verte, por saberte tan mío como nunca nadie… como nunca de nadie… y… Es tarde, me he retrasado algunos minutos… te busco en el lugar de siempre y no estas, ¡vaya! cuántas ganas tenía de verte, -me digo entre reproches- . Recojo mis pasos y los uno a mi sonrisa triste, esa que tan bien sabes distinguir, y camino hasta mi habitación, en la que me detengo a escribirte esta nota, mientras me seco el cabello que aún huele al mango y pera de la crema para peinar, y cambio las prendas blancas húmedas, por otras negras y secas, esas mismas que sostendrás en tus manos al leerme, con las que te esperaré cada tarde, cada madrugada, cada aliento del nuevo sol, cada suspiro de las viejas lunas… extensa, desnuda de piel y sentidos. En ese espacio que, si la vida nos deja, será nuestra cuna y sepultura, porque nos verá nacer y morir, engendrando el amor en el mismo seno, bebiendo la vida desde la misma copa de humedad inquieta, y tejiendo ese mundo secreto que será arraigado, ya sea ....sobre la tierra que pisan mis pies, o sobre las calles de piedra por donde, en estos momentos, a pesar de mis ganas de tenerte aquí, caminas ahora lejos de mis manos y mis ojos, pero guardado eternamente como un tatuaje de sangre y aceite sobre mi alma.  La niña duerme Hoy... Los perros que la muerden, se han mordido solos y callan. Su ángel, le besa los años de ausencias llenos. La cuna que la mece Canta Melodias de mares entrelazados Amándose, Profanos sonidos de lúdicas miradas. La niña calla… Deja que las sonrisas despierten sus madrugadas para que nazcan azules los días que la esperan entre parvadas. Observa con las manos las huellas de sus pasos.. Las sigue, Escuchando los cantos de sus canciones pequeñas De sus palacios dormidos en la esfera cristalina de sus recuerdos. La niña llora... Dibuja su tristeza en el cemento seco, Riega las madrigueras con la brisa de su rostro evaporado en llanto. Diluye con su esencia el arcoiris mientras mariposas galopan de sus labios, el tallado encanto. La niña cree… Cree en los duendes que habitan el cielo de sus ojos En los fantasmas nobles que resucitan pasados En estrellas que juegan de día y caen con el sueño tras el sol de noche. Cree.. Que en el mundo aun se llora sin gritos de guerra Que aun se sangra sin veneno en las venas Que aun se expande el amor fresco entre fronteras. Y la niña escucha.. escucha y se le rompe el aliento Y se le apaga el grito Y se le termina el cuento.. Escucha, También sonríe Y abre sus cabellos para que la arrope el viento.. Para que la endulce la magia para que le enseñe tiempo. Ahora piensa… Que de juegos serán siempre sus enemigos.. Y los acaricia mientras los cree entre dudas, A veces amigos.. A veces inventos, a veces hechizos.. Y crece… Abrazada a los árboles Regalando nubes desde sus pupilas sonrientes.. Aprendiendo a andar descalza sobre la espuma blanca de sus simientes. Y mientras tanto... Espera.. Y se cansa de pintar abrazos en la nada De cobijar heridas huérfanas de brazos sin padre De tirar monedas en los lagos que duelen.. Y huye.. Hasta el lugar Donde los sueños terminan en dedos que saben dibujar caricias.. Donde los vacíos respiran Y las hojas caen sin morir de noche entre cuadros y risas.  Te lo digo desnudos… Así como nacimos, así como la magia nos sembró en la tierra que humeó nuestros caminos, y manejó nuestros aires besando sus distintos tiempos y destinos. Así, desnudos, como la noche que se desviste de recuerdos dejando su pupila azul excelsa, para que la mire la brisa, mientras me trae el eco de tus pasos sobre mis lunas sin prisa. Te lo digo desnudos.. Dejando al aire este cuerpo que se esculpió un día, el mismo día en que el sol se acostó sobre mis sienes y se volvió cabellera galopando hasta tus llanuras verdes, coloridas… El mismo día en que los rebaños domados, me pintaron la piel de leche y la aderezaron con la sal del sudor que nace de su rebelde frente. Así te lo digo, desnudos, como el vuelo de esa golondrina, que en el libro viejo de las memorias recién nacidas, fecundo lentamente con su hambre una polilla. Así como el mapa de mi cuerpo del que conoces ya toda geografía, el que recorres con el agua sin encontrar salida, el que peinas con tus letras hasta escudriñar heridas. Te lo digo desnudos.. Con el olor de mis prados y mis laderas crecidas, con esta voz que brota gritando de los secretos más rígidos, sonantes profecías… con el fuego ancho que se desliza por las orillas curvadas de mis volcanes de fruta, con el canto salvaje del arroyo que se duerme en la cintura campesina del azúcar. Así te lo digo, desnudos… Dejando que las notas se amen en la floresta de nuestros ojos, que se bañen en el roció de nuestras palabras, que se fundan en las cuerdas de mi garganta al atrapar el aire que me regala la musica de tu patria palpitante, caminante bravía. Te lo digo desnudos… De pasados y futuros vencidos, de juramentos y promesas torcidas, de fantasmas y ángeles perdidos, de mentiras y verdades podridas, de ropas y disfraces tejidos… Desnudos de cuerpos sin calor ni frío.. Si, te lo digo desnudos… Porque sé que un día me ha de reclamar la sangre, el no poder hablar de las líneas que recorren tu carne, el no poder dibujar los andes que se erigen en tu cuerpo sin alardes, el no poder entonar los cantos que tus cicatrices me guardan, el no poder contar las historias que tu piel me marca. Por eso, te lo digo así, desnudos… para que la muerte ufana no me burle un día, y habiéndole quitado el tacto a mi vista… pueda decir que no te conozco, porque ese día se liberaran mis manos de su cárcel raída, para decirle que no necesito ojos para saber que eres tu el que me acompaña y me fecunda la vida.  No, no estoy triste…. Es solo que la vida se me derrite y se empeña en salir sonriendo por mis ojos... Es solo que la noche llora, mientras sobre mis pasos el cielo se derrumba con las estrellas rotas... Es solo que extraño besar mis letras, acariciar mi pluma, beber mi vida en cada espacio, en cada sonido que dibuja mi tinta sobre las hojas.. No, no estoy triste.. Es solo que las distancias llueven y los vacíos mojan... Es solo que el tiempo corre sin que mis pies caminen... Es solo que los recuerdos acechan la sonrisa de mis futuros y los eximen... Es solo que mis raíces se sienten secas y sin un paisaje para regar la esencia que las viste… No, sé que no estoy triste… Es tan solo la decepción de saber que el rencor de algunos puede corroer el corazón de otros... Es tan solo el frío del ambiente que no me permite descongelar mis huesos... Es tan solo el viento muerto que no me permite edificar mis templos... Es solo un beso oscuro sobre mis pupilas sin sueño.. No, no estoy triste… Es solo que algunas veces necesito llorar para lavarme el vestido de piedra que me tejió la vida... Es solo que algunas veces, acudo al pintor que borra estancias, para que me corte un poco el paso de estas alas... Es solo que algunas veces, me siento, lo siento, y nos siento, tan lejanos aun estando tan cerca, que mis puños errantes quisieran ser puentes colgantes en lugar de ser caminos raídos a la nada... Es solo que necesito sentir el calor húmedo de un cuerpo sobre mi piel, de una lagrima sobre mis pestañas.. Pero no, no estoy triste… Puedo decir que aun dentro del llanto estoy sonriendo... Puedo decir que aun con los parpados de acero sigo viendo el horizonte sin que pese... Puedo decir que aun con el hambre en las entrañas, me regocija el saber que tengo adentro algo que alimentar… Puedo decir que aun sin voz, tengo la piel para luchar y fecundar.. No, claro que no estoy triste… ¿Y como estarlo? Si aun en la tristeza, la vida me enseño a levantar la vista sin olvidarme de que la risa, aunque no se vea… siempre existe.  Es curioso como las palabras fluyen, como se deslizan como manta de viento entre mis sienes, como se dibujan en mi mente como estatuas erectas, que transitan descalzas por las avenidas ingenuas de mis pensamientos, esos que duermen acunados por tu sueño y escritos por tu letra. Regrese como siempre, o como nunca quizás lo haya hecho, porque sé….que tu me conoces, que conoces de mi afán por dibujar la vida aunque a veces me canse de colorearla, de mi afán por encontrarte aunque por momentos pueda decir que nunca te he buscado. Porque sabes de mis caricias que solo logran tocarte en la distancia de lo inexistente, de lo etéreo del mundo real de mis recuerdos futuros. Porque me ves desde lejos, porque sabes verme mientras este calor no es garantía de que no me este helando los huesos, mientras las sonrisas no son augurio del circo que debería estar danzando en mis entrañas…. mientras el reloj me hace presa de sus pasos, de su ritmo seco y pernicioso, y mientras mis ideas se adormecen en la cuna de su canto, en las curvas de sus letras… en el ritmo de sus cuerdas de cobre campanario. ¡Oh! ¡Extraño compañero inseparable! ¿Como me explicas que ni siguiendo sus pasos que siempre ven hacia delante… logre acercarme a ti para besar tu camino y cortar tu tiempo? ¿Es que acaso debo caminar en dirección contraria para poder mirarte? Quizás si dirijo mis pies sobre los caminos deformes de lo que nunca fue, logre encontrar esa porción del tiempo en la que la vida se confundió y nos engendro en la tierra de distinta madre, en la que la naturaleza alfarera nos forjo en distintos mundos, en la que la pluma austera te pinto día, y a mi me pinto noche. Quizás me perdí en la abundancia de mis deseos, en la impredecible fuerza que sostiene mi frente, mientras mi razón se agobia buscándote de espaldas a mis raíces, o mientras mi letargo se vuelve el mediocre mejor amigo de la conformidad. Sé que te espere abrazando la nostalgia de mi cuerpo y no te vi… No te encontré en ninguno de los rincones de mi sangre.. Ni tampoco lo hice en las cicatrices de mi vientre… Ni en las lagrimas de mi feminidad… Ni en el sudor de mi sexo.. Ni en el calor de mi piel silvestre y obrera… Ni siquiera en el boceto de mi vida… Ni en los murmullos de mis gritos.. Ni en la coexistencia de mi mujer y niña.. Ni en las agonías de mi esencia esparcida.. Y no lo hice tampoco en la retina de mi luna Ni en los ojos de los troncos.. Ni en la profecía de las hojas caídas.. Ni en el enigma de las gotas de lluvia.. Más, ahora sé que debí buscarte en la fuente espesa de la vida, allí donde el amor brota azul de la flor del corazón… allí donde no puede nacer nunca rojo entre las piernas y los ojos. Hacia allí correré algún día con la tarde, sujetada a la luz que se hace tenue en las fronteras de los sueños y la vida… allí donde los colores opuestos se funden para formar la armonía de lo inimaginable. Aunque por el momento, sabes que sigo esperando…mas esta vez, ya no sé si te espero a ti, mi buen amor… o si me espero a mí, que he de llegar un día alzando la vista con los ojos reencarnados, y con el alma que renacerá triunfante, y desnuda de recuerdos desmesurados.  Esa noche regrese cansada, es cierto! Pero eso no era algo extraño en mi, que siempre al final del día, sentía que la oscuridad de la noche se volvía una masa espesa que me hacia pesada el alma y sombría la vida. Llegue a casa entonces, pero antes había decidido decirme a mi misma que no todo era tan malo como yo creía, y es que en el fondo… yo también quería ser feliz… como todas esas personas que se pasean por las baldosas de mi ojos envidiosos, rebosantes de sonrisas… Entonces, me dije a mi misma…y eso, tan solo para tratar de amortiguar la herida: Que el jefe no era un degenerado explotador… que en realidad, tan solo era un hombre solo y con una vida dura encima… Me dije también que la vecina no era un arpía mala y egoísta… que tan solo era una mujer frustrada y engañada por su marido.. Me dije que el portero del edificio no era un hombre solitario y melancólico… que tan solo era una persona que sabía escucharse a si misma.. Pero sobre todo, antes de cruzar la puerta de mí hogar, me grite a mi misma… ¡que era feliz! que solo necesitaba posar mis ojos en las cosas bellas que tenía a mi alrededor, para saber…. que yo tampoco era una mujer fría, solitaria, colérica a veces y otras sin brío, ni éxito… que tan solo era un alma que intentaba entre el frìo de los cuerpos, encontrar su lugar en este mundo ajeno. Pero… lo que mas me asombra ahora, es que me lo creí!! A pesar de todo esto, cuando di el primer paso dentro de aquel inmueble… sentí una opresión en el pecho, y es que sabìa que el trataría de convencerme de todo lo contrario.. .que me haría recordar una y otra vez todo lo vivió en el día, todas mis dudas, todos mis temores y fracasos recopilados durante el largo de mi corta vida.. Si!! El era especialista en eso… siempre lo hacia!!... noche a noche, sin importarle con eso, estar tirando mi alma cortada por los desagües sangrantes de la frustración…. El, el que decía que me amaba… que vil mentira!! No me quedò mas remedio, así que resignada ya, ante tal desdicha, me dirigí hacia el lugar donde todas las noches me esperaba… y claro, estaba allí… calentado mi cama, como quien quiere con su frìo arrancarle la frescura a las sabanas dormidas, metido entre el polvo muerto de mi piel que rozaba aquella almohada, entre el olor que mi cabello había dejado en la tersura de los algodones de mis sueños, entre cada hebra que tejía el hilo que mas tarde acariciaría mis deseos muertos… ¿Qué creía? ¿Qué yo llegaba todos los días a descansar mi cuerpo y a reposar mi alma, solo para estar con el? ¿Qué mi única ilusión al llegar la noche, era estar enredada en sus brazos… y por eso insistía en no dejarme marchar? Pues no!! Que equivocado estaba… el estar con el, era lo que yo menos deseaba en esta vida… pero no tenia salida…no!! No la tenía… Así que lentamente ante sus ojos fijos, empecé a despojar mi cuerpo de su pesada ropa, dejando caer con sutileza lo único que quedaba para dejar al descubierto mi alma escondida. Delicadamente me postrè a su lado, tratando de no rozarlo mucho para no despertarlo mas, y le sonreí con el poco cariño que aun hacia aflorar en mi, a la vez que le vi con los ojos suplicantes, tratando de conmoverlo para que aquella noche me dejara por fin dormir. Pero no!! Como siempre su brutalidad de bestia no sabía mas sentirse que a el mismo, y no deseaba más que saciar su egoísmo en las noches de sueño perdidas en mi piel. Lentamente, ante la indefensa fuerza de mi cuerpo cansado, que ya no podía mas luchar contra el… empezó a meterse en mi, deslizándose como serpiente por los huecos de mi piel, metiéndose por cada poro de mi mente y por cada vacío de mi alma, hasta que se llego a fundir con calor de mi cuerpo… el cual yacía absorto entre sus brazos, los que en lugar de calentar, solo conseguían quemar mis entrañas desgastadas y sin ganas ya de sentir. La cama se hacia cada vez mas pequeña y mas hiriere, las sabanas cada vez mas pesadas y asfixiantes, la almohada cada vez mas dura y lacerante; y yo…cada vez mas de el, que de mí misma. Y sucedió lo temido, ante mi espíritu consumido por su fuerza maléfica, se empezó a desintegrar mi fantasía, mientras caía filtrada por el cristal húmedo y sangrante de mis ojos. Lo que caían entonces… eran lagrimas de fantasía, pero de fantasía rota y fugaz voladora…. esa que me decía en sueños, cuando estaba despierta… que era feliz!!! Poco a poco empezó a cansarme, y yo… no podía más conmigo misma. Me hacia recordar con sus preguntas y con sus abiertos ojos, que no saben lo que es el sueño… el por que de mis fracasos diarios, el por que del desamor del amor hacia mi, el por que de las risas de la gente cuando me veían caer, el por que de los cantos de la vida….cuando la mía no hacia mas que quererse partir, el por que de estar con el, sabiendo que sin el… todo seria mejor. Me sentía rota, y como queriendo llenar mis pulmones con algo mas que de su turbio aliento… me senté a un lado de la cama, mientras tomaba un cigarrillo, y aspire con fuerzas el humo gris que brotaba de sus hojas quemadas y enfermas… todo esto mientras en mi mente una voz me decía que de una vez por todas, debía ser valiente y decirle la verdad… decirle que no le amaba mas, que su presencia no era mas que una opresión para mi esencia, y que su piel sobre mi piel… no era mas que liquido derramado sobre la tierra húmeda y fértil, y que solo conseguía ahogarme y revolcarme en la turbulencia de sus intenciones perdidas.. Lo tenía que hacer!! Tenia que decírselo, y es que no era justo abandonarla a ella, a la que me arropaba y me llenaba de verdad… a ella, la que siempre me esperaba en mis noches de soledad, sentada con los brazos abiertos para recibir con su boca, el liquido de mi alma sangrante. No, no era justo dejar a la que yo amaba en realidad, a causa de el, y no lo haría… estaba decidido!! Y mientras los últimos sorbos de humo iban nublando mis pulmones, una luz iba naciendo en mi… y me daba ánimos para hacer lo que debía. Así que asqueada ya por su sabor hiriente en la boca de mis sueños… me levante de ese lecho agrio y dolido. Y lo deje…. lo abandone con la misma fuerza con la que el me hacia abandonar mis sueños. Y si! lo hice… lo deje allí!! Lo deje solo acariciando la nada de mi cama vacía y besando el aire de mis suspiros que nunca serian mas de el… y me dirigí delicadamente con el alma en la piel, y con los sentimientos en los dedos, a acariciarla a ella, para dejarme así, poseer por su esencia y vivir por siempre en el sabor de sus amadas letras. Pero, saben? pensandolo bien, no se…. creo que he dicho algo que no es cierto!! He dicho que mis suspiros nunca mas serán de el… lo cual es una mentira…. una gran mentira!! Ya que cada día cuando llegue la noche…. El!! Mi compañero de cama…mi querido antes y mi ahora odiado amante .-el insomnio-. me estará esperando… mientras mi amada y adorada doncella .- la inspiración-. aguardara celosa en los lechos de mis letras, hasta ver llegar el beso de mis dedos sobre sus labios de pluma.
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